ESPAÑA Y LA ARQUITECTURA ICÓNICA

SKYLINES

Jon Ander Lopez Iturregui

Son muchas las ciudades que han confiado en la arquitectura icónica para reinventarse,
justificando la evolución hacia la modernidad o la internacionalización de la misma, pero pocas las
que han conseguido el éxito.

Los políticos de nuestras ciudades buscan promover un reclamo turístico, utilizando la arquitectura como una marca, como un utilitario que sirva para su promoción.

Hay casos como el de Bilbao, que fue la primera urbe peninsular donde se verificó el milagro arquitectónico gracias a la asociación de una gran fundación cultural, una voluntad política y una arquitectura innovadora.

En los 80 Bilbao era una ciudad en crisis, con un 30% de tasa de desempleo, que decidió
enfocarse hacia un turismo cultural y supo gestionarlo, construyendo un gran museo con un
arquitecto de renombre que a las puertas de su jubilación todavía no había llegado a su máximo.

Cuando se abrió el museo, las calles de los alrededores se llenaron de bares, restaurantes y hoteles de lujo. En 1994, 24.302 personas visitaron Bilbao, mientras que en 2007 ascendieron a 623.229. Según la Fundación Guggenheim, en 2006, su millón de visitantes se gastó 211 millones de euros en comidas,hoteles, compras, ocio y transporte. Se crearon 4.200 puestos de trabajo y supuso unos ingresos de 29 millones de euros a las “haciendas vascas”.(1)

Animadas por este éxito, innumerables ciudades Españolas como Tenerife, Valencia, León, Zaragoza, Sevilla, Elciego… trataron de copiar la estrategia, construyendo auditorios, ciudades de las artes, museos y demás equipamientos, en la mayoría de los casos sin éxito, debido a una mala gestión, no solo económica sino también formal y a una arquitectura cara y exagerada, dominada por el ego de algunos. Un ejemplo de mala gestión y despilfarro es la Ciudad de las Artes y las Ciencias, en Valencia, diseñada por Santiago Calatrava. El proyecto estaba presupuestado en 175 millones de euros y costó mas de 1000 millones. Sólo a siete años de su construcción necesita una reparación de 250 millones de euros. Lo mismo ocurre en A Cidade da Cultura de Santiago de Compostela” del arquitecto Peter Eisenman, que hablaba de un presupuesto de 108,2 millones de euros y en la actualidad ha ascendido ya a más de 500.

Independientemente del gasto que suponen todos estos proyectos, cabe destacar el desprestigio que suponen muchas de estas obras para la arquitectura, promovido por arquitectos de renombre que se limitan a diseñar artefactos estrambóticos en vez de edificios algo discretos. La Exposición Internacional de Zaragoza de 2008 es un claro ejemplo de ámbito donde quedan contrapuestos estos dos tipos de arquitectura, como bien explica Llatzer Moix en un artículo publicado en La Vanguardia:

“Ahora bien, en términos arquitectónicos, lo más interesante de la Expo (Zaragoza 2008) quizás
sea el contraste entre la expresividad ensimismada de la obra de la estelar
(Zaha) Hadid y la razonada discreción de la de (Patxi)Mangado. Es decir, el contraste entre un presente ya caduco de clientes nuevos ricos y arquitectos exhibicionistas, y un futuro donde la inteligencia arquitectónica podría generar sobria belleza. O, volviendo al principio, el contraste entre el beso de un arquitecto y el de otro: entre el despertar y la narcolepsia.” 

Por un lado tenemos el Pabellon de España de Patxi Mangado, acorde con el lugar, de geometría sencilla y no muy pretencioso y, por el otro, el Pabellón Puente de Zaha Hadid, que no solo intenta innovar con una nueva tipología de edificio híbrido (pabellón-puente), si no que también pretende llamar la atención con formas orgánicas sin fundamento y una fachada de “piel de tiburon” que eleva el presupuesto en unos cuantos millones de euros además de exigir un complejo mantenimiento. Toda esta trama de diseño, sin pisar la obra y sin visitar la ciudad de Zaragoza. A día de hoy, el edificio está prácticamente vacío y ya ha necesitado reparaciones.

Se retoma pues, en el ámbito de la arquitectura icónica, el debate abierto por Venturi en los años 60 sobre el “Pato” y la “Caja Decorada” donde Venturi entendía por pato al edificio en el que la forma domina a la función y por caja decorada el volumen puro, simple y funcional, al que se le pueden añadir ornamentos para reforzar su funcionalidad. Venturi pretendía eliminar los “edificios pato“y sustituirlos por cajas decoradas.

Los dos edificios mencionados no podrían venir mejor a estas dos concepciones de la arquitectura. El artefacto de Zaha Hadid es un “edificio pato” mientras que el edificio de Patxi Mangado es una caja decorada (un prisma triangular cerámico relleno de cajas de vidrio). Sin embargo, podemos decir que los dos son un poco “patos” ya que la idea estética de estos proyectos es mayor que las necesidades reales del edificio.

Arquitectos y políticos son cómplices, los primeros por embaucar a los políticos con una arquitectura llamativa, retorcida, de escala desorbitada y presupuestos infinitos, haciendo caso omiso a  la ética profesional y los segundos por no saber gestionarlo, por derrochar dinero público y por permitir que se construyan atrocidades que harán mella en la identidad de las ciudades. Por suerte, parece que la arquitectura icónica va desapareciendo y no por muerte natural, como se podía haber esperado, sino por muerte accidental, en el momento que la crisis económica ha obligado a replantearse la manera de hacer las cosas.

1 Esteban, Iñaki, El efecto Guggenheim, (Anagrama, 2007, p. 59)
2 Moix, Llatzer, “No todos los arquitectos besan igual”

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