JAQUE MATE

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Basile Ribas Steiner

A lo largo de nuestra historia, el ser humano ha sufrido y sufrirá grandes cambios en su forma de vivir, de percibir y de actuar frente a la realidad.

La situación que se nos presenta son los cambios que se están realizando globalmente.

La globalización considerada como capitalismo flexible ha ido cambiado totalmente las estructuras y la organización del mundo laboral.

El sistema que se nos presentaba antes podría formalizarse como una pirámide, donde las instituciones tenían un carácter mucho más duradero. El mercado era mucho más estable y seguro. La evolución de una empresa era lineal, donde cada uno tenía una función.

El nuevo sistema ha hecho que el mercado sea mucho más dinámico.

Las acciones de las empresas se compran y venden en un tiempo mucho menor, la productividad ya no es a largo plazo, las grandes empresas cambian continuamente de identidad ya que absorben otras empresas y venden partes de la misma lo que lleva a grandes restructuraciones del capital.

La tecnología es la nueva herramienta de organización del capital.

El nuevo sistema podría formalizarse como una red totalmente plana que está a su vez interconectada.

Según los estudios del sociólogo Richard Sennett, aparece una nueva forma de trabajo basado en la competencia. Surge una especialización de los productos organizada por empresas de servicios que compiten por trabajar con las grandes empresas que dominan el mercado. La presión se vuelve constante.

El concepto Winner-takes-all-Market gana mucha fuerza.

Las  grandes empresas ya no producen  por su cuenta. Sólo se dedican al montaje de distintas piezas producidas por el proveedor más rentable.

Existe un nuevo principio de espacio y tiempo frente a la durabilidad, continuidad y producción a largo plazo.

Las empresas flexibles son la élite que dan las pautas del mercado. “ No te dicen cómo lo quieren sino qué quieren.” El proceso ya no cuenta.

Todo eso ha hecho que las ciudades sufran un cambio en su organización.  En el centro se colocan las grandes élites y en las periferias se organizan los proveedores y las pequeñas empresas especializadas en sus distintos sectores que trabajan para dichas élites.

La lealtad ha desparecido. Los trabajadores ya no se sienten parte de la empresa. El miedo al despido por no llegar a los objetivos crea pánico. Ven como las empresas sufren grandes cambios en poco tiempo debido a continuas reestructuraciones .

Antes los trabajadores podían renunciar a las recompensas para poder llegar a los objetivos y alcanzar el éxito futuro de su organización. La forma de pensar era de larga durabilidad.

Ahora, deben ser recompensados de inmediato ya que la empresa el día de mañana puede cambiar de dueño o puede aparecer una reestructuración del personal. Los objetivos a largo plazo desaparecen.

Toda esta nueva estructura aparece reflejada en la arquitectura. Los espacios de trabajo son mucho más abiertos, tranparentes y flexibles.

Los llamados Plug-in-office, donde nadie tiene su propio despacho. El trabajador está controlado. No existe una relación entre el trabajador y la institución. El reemplazo de los trabajadores es mucho más flexible.

Con esta introducción quiero hacer ver que toda esta nueva red interconectada plana, sin jerarquización afecta directamente a las personas y, por consecuencia, también muchas veces a la arquitectura y al arte.

Como hemos podido ver, el factor TIEMPO ha cambiado el valor de las cosas. Por ejemplo, en los medios de comunicación se premia la rapidez y la actualidad de la noticia. Cada vez es más difícil encontrar un reportero que tenga tiempo para preparar y cubrir una noticia analizando el contexto de ésta hasta llegar al fondo del asunto.

Ahora los objetivos tienen un corto plazo. La actualidad manda. Y se busca en la noticia un tema que impacte, que venda, tratado muchas veces con superficialidad.

La misma sensación me pareció ver en la exposición del pasado diciembre en el Pabellón Mies van der Rohe de Barcelona con la instalación de Andrés Jaque, ‘Phantom. Mies as Rendered Society’.

En ella, Jaque ha expuesto distintos objetos como sillas, placas, electrodomésticos, escudillas etc… que provienen del sótano del pabellón con el discurso de hacer visible el esfuerzo en el mantenimiento del edificio.

Con esta actuación intenta poner el pabellón en un segundo plano. Según él, muestra al público un tejido de relaciones y actividades que quedan ocultas tras la arquitectura de Mies.

Nos intenta hacer reflexionar acerca de la arquitectura y la sociedad a través de situaciones y objetos que quedan ocultos y que son los que nos muestran la verdadera sociedad.

Por lo tanto podemos percibir que toma una postura de crítica y de desobediencia frente a la arquitectura de consumo lejana a las personas.

Parece que se proclama precursor de una nueva forma de interpretar la realidad basada en volver a la cotidianeidad de la arquitectura, en localizar y resolver los puntos de fricción de la sociedad.

Todo este discurso, que a priori parece potente e interesante, pierde fuerza cuando sus proyectos son realizados.

La excesiva puesta en escena de estos conceptos tratados con superficialidad y orientados al puro marketing como herramienta de seducción, es constantemente enmascarada por una imagen de responsabilidad y de querer hacer lo correcto.

Toda esta exposición me recuerda a un intento hacia al concepto de objet trouvé que llevó Marcel Duchamp, donde la descontextualización de un objeto nos produce una tensión, creada por la nueva lectura que podamos darle a éste.

Para Duchamp era una crítica hacia el propio sentido del arte. Transformó objetos cotidianos en obras de arte modificando ligeramente su aspecto externo siendo su principal objetivo generar una sensación de absurdo y de sorpresa, tratando de este modo, socavar todo concepto artístico tradicional.

Todo lo contrario es la exposición de Andrés Jaque donde intenta a través de objetos sin interés, dar una apariencia de complejidad y sobre todo de provocación apoyándose en un discurso muy lejano a lo que está llevando a cabo.

Quizás todo esto es culpa de los organizadores que intentan darle un programa al pabellón.

La constante necesidad de demanda por algo nuevo, por llegar a ser el foco de atención hace que el objetivo primordial sea hacer una exposición.

Anteponen el cómo de la presentación al verdadero significado de una obra de arte.

Intentan crear un ambiente de actualidad y de representación, donde los propios agentes que actúan: tanto algunos “artistas” invitados que presumen de tener algo importante que contarnos con sus improvisadas obras apoyados por algunos medios de comunicación que cubren de forma superficial la noticia, como finalmente la institución que organiza el evento con el único objetivo de exponerse.

Éstos son los causantes de facilitar con pocos movimientos un jaque mate de valores en un tablero donde predomina el espectáculo.

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