EL “PAPEL” DEL ARQUITECTO

AiWeiWei

Eduard Pascual

Una ciudad es como un trozo de papel. Desde que nació el concepto de ciudad, la historia y quienes han formado parte de ella han ido dejando su pequeña aportación. Hubo un día en el que alguien extendió un rollo blanco y empezó a dibujar, y desde entonces, progresivamente y sin parar, ciertas personas han ido continuando o completando ese dibujo. Proyectar es lo mismo: cuando nos enfrentamos a un reto arquitectónico, partimos de un último dibujo, de la última aportación de alguien. La gran dificultad del arquitecto es entender cómo y quién ha hecho ese último esbozo, y qué hay dibujado antes de él. Nuestra labor no se queda sólo en coger el lápiz y grafiar un pedacito de historia nuevo, a veces hay que empezar a dibujar desde el más antiguo de los croquis:a eso le llamo yo respeto y conciencia colectiva, el saber sumergirse en un entorno, en una cultura; entenderlos y responder con tus capacidades y habilidades a esa exigencia. Adaptarse lo implica todo, desde entender al cliente y el régimen que rige el sitio, hasta la última de las personas que viven en ese lugar y que en un tiempo van a gozar (o sufrir) un croquis tuyo en su papel.

Herzog & de Meuron llegan a Pekín (China), un lugar donde el rollo de papel es largo, larguísimo; lleno de dibujos hechos por muchas personas durante siglos. Sin embargo, hay un patrón que define el trazo, la herramienta usada para dibujar… una de las particularidades del gigante asiático es su política, el régimen autoritario y estricto que gobierna el país, una continuidad generacional de líderes estrictos que gobiernan sobretodo en lo psicológico. Así que los arquitectos suizos se embarcan en un proyecto interesante para diseñar el estadio olímpico de atletismo para los Juegos Olímpicos del año 2008. Fijarse, para empezar, que “el gran reto de los arquitectos” parte con dos incorporaciones: un consejero y traductor, hombre amante del arte y la cultura chinos cuya función es orientar y traducir, en todos los niveles, lo chino; y el otro es “nuestro amigo” Ai Wei Wei, definido como artista contemporáneo y entendedor también de la compleja mentalidad china. Estos nombramientos son un claro ejemplo de a qué se enfrentan los arquitectos: se trata de una cultura especial con unos condicionantes políticos muy fuertes; las decisiones habrá que tomarlas con delicadeza. El proceso de proyecto se sustenta en masas que se moldean dando forma a un volumen al cual se le da programa, todo ello para recubrirlo en última instancia por un tramado de acero independiente al grueso del edificio.

Al final:

Li Aiqing[1] – El “Nido de Pájaro” es un proyecto que respeta a la cultura china, rememora precisamente el lugar desde el que el ave fénix puede renacer, lo que se traduce en la eclosión del país como potencia abierta al mundo.

Li Xinggang [2]– Se trata de un proyecto neutral, representa un objeto natural, de la naturaleza, y a la gente le gustan los animales y la naturaleza.

Arquitectónicamente, los discursos que justifican el proyecto son difusos, no coinciden; políticamente la argumentación interesa, se agarran a un concepto frágil desde el que tratar de justificar un inversión millonaria, el fénix como gran estandarte de la cultura china; y lo neutral como lo que no hace daño a nadie, lo que no ofende, lo que no compromete. Esta última parte es la importante, el trasfondo de una sociedad que vive anclada en un modelo gubernamental caduco que intenta abrirse como potencia al mundo sin haberse abierto a sí misma. Se apoyan en los JJ.OO para mostrarse al mundo, contratan arquitectos occidentales para iconizar la joya de Pekín… pero la realidad es otra, su mentalidad sigue bunquerizada, apelan a ofensas culturales con cada propuesta, como le sucede a Jean Nouvel, quien con su proyecto de edificio caparazón (de tortuga) con tonos verdes, se traducía en un mensaje tal que “la traición de una mujer a su marido”. Demasiadas cosas en tan pocas palabras…el no poder usar un color o forma, no por razones proyectuales, sino culturales; y que el motivo sea sexista y con la figura de la mujer como clave de la deshonra.

Al final, Herzog & de Meuron sucumben a la realidad china dejando en segundo plano la ética de la arquitectura para complacer deseos o, en este caso, no herir sensibilidades. Cuando empiezo el texto hablando del papel ya dibujado con el que se encuentra un arquitecto a la hora de enfrentarse a un proyecto, me refiero entre otras, a cuestiones como las de China. En este caso la ética arquitectónica, el código que mantiene la veracidad y calidad de esta profesión, queda coartado por moralidades culturales muy poderosas que, compartidas o no, hay que respetar. Sin embargo, el chino ya hemos dicho, es un caso particular donde la escenografía es delicada. Existen en la actualidad casos de otras culturas que viven momentos de burbujeo inmobiliario y en sus ansias de abrirse y dejarse ver, usan arquitectos occidentales para montar grandes edificios con los que materializar sus deseos (del tipo que sean). El problema llega cuando la arquitectura se pervierte dejando de lado su ética y los fundamentos que la sostienen, para responder a cuestiones políticas, económicas, empresariales o culturales que dejan, en ese rollo de papel, manchas en vez de trazos.


[1] Li Aiqing, director de la Administración Estatal de Ingeniería de Beijing

[2] Li Xinggang, arquitecto y “project manager”

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