EL EPICENTRO DE LA PALABRA

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Josep Maria Valls

A_ de Arquitectura

La genealogía de las palabras, al igual que la genealogía de la arquitectura, nos permite hoy en día poder hacer uso de razonamiento y establecer opiniones sólidas y conjeturas acertadas del buen uso de ambas doctrinas. La conciencia propia, la podemos obtener a través del estudio de los casos ya resueltos. Se trata básicamente de entender el pasado, fijarnos en él, y muy probablemente encontraremos la solución de los entresijos que hoy en día se nos plantean. No hay que olvidar que la retroalimentación entre lo pasado y lo venidero no se puede descontextualizar. Por eso creo que el discurso que actualmente encontramos en el star system, no es nada novedoso. Si somos capaces de restablecer el diálogo continuo, que previamente citábamos como genealogía en la arquitectura, podremos encontrar movimientos arquitectónicos previos que ya han sido arquitecturas icónicas o simbólicas.

Me refiero, en modo de anécdota; a la carrera por los cielos de Nueva York. Donde el vil ganador era la empresa, los hombres de negocios, el arquitecto y el puro ego personal de poder levantar el rascacielos más alto de la ciudad. El contexto nos data en los años veinte, periodo entreguerras y momento clímax del boom de la construcción en Nueva York. La especulación y los excesos eran el día a día. Tal vivencia llevó a la peor crisis económica sufrida en los Estados Unidos en el siglo XX.  Este último dato me ha parecido interesante expresarlo, pero lo que más me interesa es la figura icónica y simbólica que obtenía la arquitectura del momento. Estamos hablando del Fuller Building, Bank of Manhattan Building, Chrysler Building y el edificio a batir, el Woolworth Building.

Pero díganme, qué urbanita no aprecia la ciudad por antonomasia, que fue, que es y será Nueva York; quién se atrevería a decir que esta ciudad es un non-site. Un lugar levantado y creado por especulación. Aquí es donde uno se da cuenta, de lo compleja que es la crítica en arquitectura. Quizás si leemos entre líneas y vemos los términos exceso, especulación, ego y crisis obtengamos una perspectiva paradójica de la realidad. Estoy seguro que no soy capaz de vaticinar lo correcto y lo incorrecto, pero es verdad que quizás el hábitat creado a través de estos edificios originalmente icónicos han hecho un continuo, un espacio escala, una ciudad llena. Así que finalmente tenemos que admitir que la función de servir la tuvo y la sigue teniendo.

Y aún más, siguiendo con la premisa de la genealogía en la arquitectura y manteniendo un discurso menos sensacionalista y más histórico; llegaríamos a encontrar otra semejanza en las altas torres medievales de San Gimignano. Una muestra de especulación social, la hegemonía del poder.  Aunque el simbolismo de la pieza, vuelve a conformar un lugar, un pueblo. Un uso.

Terminologías distintas, espacios y tiempos diversos, formas variantes; pero siempre en el dintel de la crítica. Una crítica dirigida a la sociedad, a la mentalidad ambiciosa, al deseo de lo icónico, de la hegemonía del poder, de ser más. Dicho de otra forma más prosaica, de querer tenerla más larga.

Aunque el pasado está lleno de ejemplificaciones, es hoy en día, cuando la crítica en la arquitectura es mucho más notoria; el alcance de las publicaciones, informaciones y sinergias creadas a través de ella, hacen que la gente la sienta mucho más propia, cercana y suya. Efectivamente, esto es muy positivo para la doctrina, ya que la arquitectura se ha podido acercar al público. Tampoco podemos omitir el transcurso del tiempo en que estamos, en estos momentos tenemos que ser más críticos que nunca, hay que saber racionalizar muy bien lo necesario; no caer en exuberancias y al fin y al cabo, poder llegar a producir una arquitectura acorde a las necesidades. Siempre con la vocación de servir. Inevitablemente la causa fundamental para llegar a los objetivos comunes, no es otro que el uso continuo del sentido común. Si todo proyecto estuviera anclado con estas bases, ya no  tendríamos estas dicotomías entre hechos. Por eso me gusta recordar las siguientes citas:

 “Form follows function”, Louis Sullivan.

Principio de diseño funcionalista asociado a la arquitectura diseño moderno del siglo XX.

 

“Less is more”, Ludwig Mies van der Rohe.

Precepto por el diseño minimalista formulado a mediados del siglo XX.

 

Soy estudiante de arquitectura, y amo a la arquitectura.

Pero como todo oficio o gusto a la vida, el aprendizaje es continuo y muy severo. En nuestro caso continuamente recibimos inputs, desde una necesidad deontológica a una especulación artística. La obligación propia de gustar y servir a veces resulta sumamente compleja; por eso la crítica en la arquitectura, es un halago agridulce o un reproche azucarado. Y es que estoy convencido que la franja del bien o el mal, no es tan exacta como quisiéramos. Siempre me reconforto en el pensamiento de que la arquitectura es un arte.

¿Qué arte no es preciado por un gusto? ¿Qué gusto es el correcto? ¿Qué valor tiene el arte? ¿A quién pertenece al arte? ¿Qué arte es incorrecto? ¿A gustos, colores? La pregunta eterna.

Qué interesante sería debatir al respecto de las obras de Gustave Courbet o de Jackson Pollock, estilos totalmente contradictorios, el realismo contra el expresionismo abstracto; seguramente al final del debate con tacto y cultura diríamos que son movimientos y estilos diferentes, ambos con finalidades artísticas que buscaban provocar sensaciones. Quizás podría extenderme y explicar las tendencias estéticas que diferencian estos dos estilos; pero creo mucho más interesante llegar a la conclusión de los principios que han fundamentado dichos estilos con el contexto social. Y es que en realismo nació a mediados del siglo XIX como consecuencia de un despertar de la conciencia social, posterior a la revolución francesa del 1848, exponiendo los terribles problemas sociales de la industrialización. Mientras que en el expresionismo abstracto surge posterior a la Segunda Guerra Mundial. En este estilo artístico podemos ver en sus obras una contextualización social a través de rasgos de angustia y conflicto provocados por la situación bélica vivida.

Me respaldo en esta alusión a tendencias artísticas y contextos sociales para expresar que el momento que estamos viviendo, es claramente un impasse entre dos periodos. El contexto de crisis y la perdida de una arquitectura más humanística han hecho que la necesidad de la crítica sea más notoria. Debido a que por una parte estamos inmersos en un contexto marcado por la digitalización y obras magnas, dicho ciclo generaliza un espacio de tiempo donde en la arquitectura no había ninguna limitación. Todo lo que se podía proyectar, se podía construir. Básicamente, y muy metafóricamente; se trataba de demostrar que el hombre podía hacerse con todo lo soñado estructuralmente. Por consiguiente encontramos megaestructuras, espacios muy complejos, obras faraónicas y con unas relaciones espaciales pensadas para seres no humanos. Unos espacios impropios para el uso de las personas, donde las escalas no corresponden al cuerpo humano y es entonces cuando nos damos cuenta que hemos perdido el hilo conductor más importante de nuestra profesión. Servir al individuo.

En definitiva, se ha estado buscando mucho más el aspecto objeto, que una explicación humanística y acorde con las necesidades.

Por otra parte, como nos dice la experiencia temporal y citada anteriormente, en relación a los estilos artísticos; tenemos que decir que después de un cambio en el contexto social, surge una nueva tendencia. Sé que ahora no se trata de buscar una nueva tendencia, sino de poder hacer un “renacimiento”, un “neoclásico”; un volver a hacer. Me refiero a recuperar una arquitectura mucho más sensorial, basada en los sentidos de las personas: una arquitectura para ellas, más servicial, con un programa acorde a las verdaderas necesidades y funcional en ella misma. Capaz de resolver necesidades, no de crearlas. Y sobre todo menos egocéntrica. Seguramente, si nos basamos en estos fundamentos quizás encontremos un nuevo estilo arquitectónico, ya que tal como he iniciado mi escrito, creo en la genealogía de la arquitectura. Creo que si contextualizamos las nociones básicas, acertadas y con sentido común, todo lo venidero será mejor.

Esta es mi opinión.

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